Primera Bitácora
Esta semana encontramos diversas noticias sobre
seguridad, casi la totalidad de estas se relacionan con la fuerza pública, lo
que pone de manifiesto la importancia mediática y discursiva que se le da al rol de la policía en términos
de seguridad. En este sentido los medios
de comunicación constantemente emiten información sobre las políticas y los logros que desde estas instituciones se vienen adelantando contrastándola a su vez con contextos violentos donde constantemente se
violan todo tipo de derechos y donde no existen condiciones para garantizarlos.
Debemos tener en cuenta que a lo largo de los últimos años, hemos observado una dinámica, según la cual el fenómeno de la seguridad ha tomado gran importancia en el discurso de los políticos llegando incluso a ser el gran paradigma de gobierno de la última década. Es claro que a partir de ella, o mejor, de la coalición que se genera con el fenómeno de Uribe/Santos que en gran medida se configura en torno del apoyo a la propuesta de seguridad democrática. Se ha generado un gran poder político capaz de construir nociones sociales y determinar por ello ciertas realidades, lo que repercute en que desde hace algún tiempo vivamos en una sociedad que desde sus instituciones se organiza, es decir que prepara sus estructuras de acción con el fin de combatir al enemigo borrosamente definido al que se llama terrorista. La cuestión del terrorismo implica el enemigo interno de la sociedad globalizada y que por las lógicas de esta dinámica debe buscar en su propio interior, poniendo a sus propios sujetos bajo control constante, situación peligrosa si tenemos en cuenta las condiciones humanas de nuestra fuerza pública.
Esta semana vimos de nuevo el nombre de la institución policiva
manchado por la mala conducta de sus integrantes quienes regularmente con
actos salvajes se ponen en cuestión a sí
mismos. Se mencionaba que en este año se habían destituido a 84 miembros de la
policía por irregularidades en los códigos que deben seguir los integrantes de
la misma, además de la brutal muerte de un joven de 15 años a manos de dos
activos de la institución y el idilio que continúan viviendo después de un año
por irregularidades que competen a la rama de la justicia, los padres del
grafitero que fue asesinado también a manos de patrulleros. Lo anterior con en
el fin de cuestionar hasta qué punto la policía puede garantizar los derechos a
los ciudadanos como institución, si en su interior hay irregularidades que dan
pie a la vulneración de los mismos por
entes adscritos a la policía, ¡que dilema!
Claro está que los han destituido, pero ni siquiera han
sido sometidos a la justicia militar, pues al destituirlos pasan a manos de la
justicia ordinaria, o en el caso de algunos que no se han definido, a manos de
la fiscalía. El hecho es la
contradicción intrínseca de la institución, que nos causa preocupación.
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